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García Ríos, Demián

El fragmento elegido es significativo. Es un punto de especial tensión que se aproxima al fatal desenlace de la historia, En apenas 6 minutos se resuelven situaciones e historias que paralelamente se narran en el film. Por primera vez, el protagonista desaparece de escena y esa ausencia de Jordi es disparadora. La madre enfrenta a la Directora y se cruzan acusaciones, el vecino asume un rol de tutor y denuncia la situación, el profesor rompe con su formalidad e insulta, los agresores confiesan. Es un punto de inflexión y ya no hay vuelta atrás porque el daño está hecho.


El escenario de la biblioteca con su piso en damero (blanco y negro) sirven para que tenga lugar una partida de ajedrez en donde cada personaje hace sus movimientos y juega su estrategia. La directora (con figura paterna que establece las normas, la ley, reprime y castiga) avanza en la dimensión institucional. La madre pone en jaque y dispara culpas. Los agresores confiesan. Y en el núcleo de la situación dos posturas: mientras unos buscan culpables los otros hacen foco en la persona, en Jordi y su desaparición física.    


La televisión aparece implicada en el fragmento elegido. El protagonista, Jordi, se entera de que su novia está en grave estado a través de ese discurso de los medios y del rol que juegan. La periodista que da la noticia da cuenta que “el desafortunadamente habitual fenómeno de acoso sexual se ha cobrado una nueva víctima”. Hay una personificación del bullying como si fuese un asesino serial. El sujeto de la acción es “el desafortunadamente...” y el verbo compuesto en pasado (“ha cobrado”) ponen distancia con la víctima.


También el vecino se entera de las noticias del caso en otra escena a través de la televisión. Cabe reflexionar si este tipo de noticias no son contraproducentes y generan un efecto multiplicador de casos, tal como sucede con los suicidios.


La incomunicación entre los distintos actores sociales se desnuda en estas escenas. Los reproches cruzados dan muestra de esto. El primer axioma de la comunicación de Paul Watzlavick dice que es imposible no comunicar y en esto radica una de las pistas para entender el mensaje del director del film. Jordi comunicó a su manera lo que le pasaba pero ante la situación de su madre (que recientemente acaba de enviudar) eligió callarlo desde lo discursivo. También lo ocultó ante su vecino pero este extraño pudo más que el vínculo madre-hijo y descubrió antes que otros lo que le pasaba al adolescente. La incomprensión se teje en las distintas escenas. Ania, Jordi, la madre, el vecino e incluso el agresor principal (que es golpeado por su padre) son víctimas de no poder expresar lo que les pasa.


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