España - my love II

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Cuervo

Tú, cuervo.
Tú, negra luna.
Tú, ojo gris de corza muerta.
Estatua.
Postura muda.
Tú, charco, transparente sueño.
¡Escupe, cuervo! - del nombre certeza.
¡Aplasta, disco! - del sol Verdad.
¡Recuerda, ojo! - del verde locura.
Tú, cuervo sé.
Tú, pájaro.
Volar.




Elegía por la muerte del perro

La risa a su rostro desconoce,
sus ojos eran gotas del pasado,
de uñas afiladas, retorcidas,
columna recta cuando caminaba yace.
Él, era perro de su tierra.

De alegría no gozaba, no la conocía,
melancolía con la lluvia lloraba,
de piernas flacas, era todo él un tronco rama - sol,
si se sentaba, la Montaña a su bulto envidiaba.
Él, era perro de su dueña.

El animal, si ríe, no es animal,
si el animal sonríe, está triste.
Cuando el perro ríe, el mundo va a mal,
si nadie sonríe, los perros son leyenda.




Esclavo

Es esclavo. Tira de su cadena.
El condenado existe para escapar de su tumba.
Es muerto. Inspira sus restos cuerpo.
El encerrado pervive para un día ser libre.
Si no tirases, tú desgraciado Negro,
caerías de narices aplastando tus ojos azules.
De tu tumba si sales, si dejas a tu blanca sangre,
tu madre - Negro no te verá, serás su hijo libre.
Si no inspiras tu vejez en arrugas - camino,
serás vivo que pida la muerte.
un estúpido que en abiertos campos vuela,
estando fuera, pedirás caer dentro, encerrado, inerte.




La Comedia

(se pone máscara seria, sosa, de expresión aburrida, cantando en tono grave y
terrorífico)
Bufón - Soy yo dios, temblad, corred,
me duermo por las risas que alzáis.
Saltad, reíd, perded la fe,
así sabré de las certezas que necesitáis.

(retira la máscara y se pon otra sonriente, alegre, de expresión pícara, diciendo en tono
contento)
Soy yo dios, pensad, sufrid,
estoy al margen de las cosas que hagáis.
Gritad, mataos, atormentad a vuestro ser,
así me reiré de los destinos evidentes que avecináis.
(retira la segunda máscara, dobla el pie izquierdo, se inclina en signo de respeto y
exclama)
¿Será dios un viejo desgraciado y oculto, un pensativo sin humor,
preocupado, negro, hundido en desesperación por vuestra infantil ridiculez?
¿O será dios un viejo de alegre don, pero también muy culto,
que al ver a vuestros porvenires pésimos ya sin dolor,
se alegra de que lográis ser ridículos, y animéis su desdén?
(se pone máscara a medias entre las anteriores, de labios rojos en mitad de la cara y
negros en la otra mitad, con pestañas de mujer ambos lados, y prosigue)
¿O es dios alguna moza que novio de ojos negros y pupilas rojas tuvo,
y parió el mundo de los huérfanos, desdicha de su juventud,
los hijos que recuerdan los gemidos de sus padres,
cabellos pálidos y la oscura silueta de fantom?




A medio camino

¿Quién tiene las casas mejores? - preguntó Sam
- Los Muertos, bajo tierra las guardan,
en invierno sus almas calor guardarán,
en verano del frío, no cantan.
¿Quién vive en mundo belleza? - preguntó Jack
¿Quién sabe de días mejores?
- Las Nubes, a la Tierra ignoran las sabias,
los colores más vivos ellas guardan.
Por la gris consistencia tierra no lloran,
cantan truenos en su alegría azul.
Bajo bella faz suspiran su aéreo cuerpo, su grandeza,
no fingen ser de valor permanente.
No engañan que algún peso tendrán,
tras sus rostros tan bellos, contentos.
¿Y en medio, qué loco querrá, habitar mundo ni mejor, ni más bello?
¿Qué hay allí si es que algo habrá?
¿Qué melodía de allí yo percibo? - preguntó el sin nombre,
respuesta no tuvo,
monólogo triste llevó.
Cantó solo,
creyendo que el eco (tan suyo),
a coros humanos sonó le.







Del viejo actor

El anciano Hans O´Conner,
volviendo del castillo Dónovan,
se desvió de su camino,
para tomarse vaso vino.
Pasó junto al bar Kentucky,
abrió su puerta y encontró a Scheil,
amigo suyo de hace años,
que en locuras le acompaña.
Y se bebieron jarras nueve,
de jugos del dios Amur,
con himnos en honor al Rey,
cantaron juntos como bueyes.
Y dio se cuenta Hans el viejo,
del mundo bueno y perplejo,
por vez primera escuchaba,
por vez primera él hablaba.
Decían cuanto le decían,
él les tiraba jarras vino,
por vez primera era libre,
de rostro quieto, puños firmes.
Fue Hans, Hades de miles tumbas,
con ojos removía mundos,
su mente, clara más que nunca,
en odas y cantatas surca.
Y olvidó a los castillos,
las damas y las mozas, tías,
a su trabajo y su choza,
al mar que tanto le convoca.
Sentado donde se sentaba,
danzando donde él danzaba,
a nadie hacía caso,
a todos les miraba raso.
Maldijo al dios - cobarde,
su madre y sus padres, tantos,
al papa de la parroquia,
sus hijos que no conocía.
Maldijo al gendarmería,
al Rey, la misma Majestad,
al juez de tantas ciudades,
chacales de la hermandad.
Y con el diablo fueron tierras,
se fueron cabras, tristes, negras,
perdieron se los lagos blancos,
las playas y los cielos santos.
Rezaba Hans las aleluyas,
gritaba melodías mudas,
saltaban chispas y corajes,
ancestros de su buen linaje.
Se derrumbó el viejo lobo,
perdió fuerzas, perdió tono,
profundo sueño le hundió,
y se durmió y olvidó.
Tras unas horas Hans despierta,
cogió su burro Tomas Neal,
volviendo por su ruta vieja,
por bosques, su camino vil.
Sus ojos claros pero grises,
su mente seca ya sin juicio,
de boca abierta y hambrienta,
cabellos blancos como lirios.
Seguía Hans a su camino,
montaba solo, no veía,
e imaginaba sus cantatas,
obras maestras, obras gratas.
Si no hubieses desviado,
oh Hans tu burro tan amado,
no llevarías hoy dolores,
decoraciones de chinchones.
Pero hoy Hans el viejo es joven,
recita teatros, apunta odas,
compone otras sinfonías,
y vence nuevas alegrías.
Ya saben y ustedes listos,
si es que están acaso tristes,
con vaso vino y danza firme,
las Musas aman quien es libre.




Metamorfosis divina de Agamemnon

Bajó el dios Agamemnon,
tocó un burro de la cola,
el burro grita de dolor,
el dios le tira, no demora.

Del toque mágico divino,
el burro vino ser humano,
entonces el todopoderoso,
a sus orejas arrancaba.

Privado de sus péndulos valiosos,
el hombre vino ser artista,
por alabanza a su don,
Agamemnon le dio su vista.

(No reveléis, pero yo sé,
Agamemnon de ojos tres gozaba,
al regalarle dos al burro,
su ojo póstumo guardaba).

Y el artista vio bellezas,
narró los cuentos de sirenas,
la filosofía inventaba,
a todo él exageraba.

También al mundo suyo vio,
lo feo que es él narró,
de las matanzas y lujurias,
de las verdades no ocultas.

Se acababa viendo doble,
uno en vida, otro en arte,
tormentos pocos no llevó se,
creyendo no ser él quien goza.

Así nacieron elegías,
las hadas y las fantasías,
las odas de dioses magnos,
y el artista insignificante.

Así se olvidaban burros,
de vidas libres o diurnas,
en cuadras sencillitas, ó campos,
que nadie sabe cuanto guardan.




(No reveléis, pero yo sé,
con ojo que Agamemnon guarda,
las cuadras él no puede ver,
tan sólo burros él maltrata).

No son los burros para ojos,
de las divinas comedías,
acaban viendo los espantos,
de las celestes maestrías.

Cuál burro ha de comprender,
que son sencillos sus asuntos,
que sepa no entrometer,
narices con los cielos santos.

Y por si burros hoy,
leyesen cuanto aquí narro,
que sepan la patada dar,
a quien la cola les arranca.

Quizás a mí por empezar,
y ojalá me sacudiesen,
para que deje de hablar,
de Agamemnon y fanfarreases.




La carta

Me voy amigo
te dejo a mi barco
me pongo la camisa blanca
el pantalón rallado
a los zapatos nuevos que guardaba.
Abandono
te dejo mis riquezas, mis pasados
a mi maleta negra te regalo
me voy sin mas
ni me despido ya de ti.
Con esta nota te saludo
te deseo lo mejor
te dejo a mi suerte y mis sueños
prometo, te recordaré.
Caminaré hasta que se rompa mi calzado
hasta que mi camisa amarillenta como la luna
que en la noche de partir me sonrió,
y cuando sienta que descalzo en el lugar buscado amanezca
me sentaré en la orilla oceánica y esperaré.
A qué esperaré yo no sé, ni me atrevo imaginarlo
quizá espere ver al sol
o a la muerte
o la luna ver reír.
Te escribiré amigo
en cuanto pise la orilla oceánica voy a contarte
por qué mi barco te dejé
por qué a todo cuanto fui había yo abandonado.




A unos amigos

Cuando me veáis por la calle,
no os alegráis de verme,
porque ayer vomité veinte ruiseñores muertos,
y su cantar libre aun hoy día me atraganta.

No me hagáis reír, ahorradme los traumas,
de cuando tras instante de vosotros he de alejarme,
y matar otros veinte pájaros,
aun no conocidos por el hombre.

Os pido no veáis en mí, mundo encantado,
porque tras mi rostro las calles son por cocodrilos mordidas,
calles sucias, aguadas y resbaladizas,
las mismas vacías donde nos despedimos.

Tampoco intentéis alegrarme,
con los ojos marinos de las puestas del sol,
porque pasado ni rato que nos despediremos,
cerraré ojos a dorados jarrones con bonitas flores.

Si me habéis conocido, o me recordáis,
al llevar yo sombrero con mariposas y verdes rosas,
os pido no abuséis de convencerme que es feo,
el gorro gris que el resto del tiempo yo lleve.

Silbad como yo, con los ruiseñores a solas,
al verme, fingid no saber quien era,
dejad que los pájaros aun sin nombre,
vuelen tan sólo en nuestras almas, de desconocidos.





Sombra de abuela, al atardecer


Me dijo mi abuela -
“Ven niño, verás lo que te voy a enseñar”,
y de la mano me cogió, llevó me…
Tiraba mi muñeca al igual que las corrientes río abajo corren sin cesar,
saltaban sus deseos hacia algo que tenía yo que alcanzar, y regañó me.
A la abuela la había visto apenas cuatro veces,
vivía lejos de mi casa, en aldea casi en desierto devenida,
en apartada zona, pobre, desgraciada,
donde mi madre me dijeron que crecía.
Yo acababa de cumplir unos cinco veranos,
vivía yo en ciudad muy amplia, a abandonadas calles recorría al salir,
jugaba solo, al escondite o al correr sin meta aclarada,
y nunca nadie vi por los paseos infinitos, llanos,
sin alma de hogar, deseo de dormir.
Las noches en casa del vecino yo pasaba,
a mi padre no le recordaba, no le conocí,
dijeron que hace días pocos me había abandonado,
pero en campos alejados y desconocidos el diablo lo arrastró, y le perdí.
Tenía yo un perro que no hacía mucho han matado,
pero dijeron que en perdidos prados el demonio mi perro secuestró.
Tenía y un pájaro, de cola arrancada, que me había encontrado,
el pájaro que todos sugerían que asesinara,
no hace mucho el destino y a él me arrebató.
-
La vez primera que con mi abuela me encontré,
era al despertarme en madrugada de la primavera más naranja que quisiera recordar.
La vez segunda creo era, en desayuno de lo más maravilloso que me preparó,
era mi primer comida, primer bocado, el más amado su sabor.
La vez tercera a su cabello blanco no olvidaré,
cuando en ocasión llamó me, para regresar.
La cuarta vez me puso el abrigo,
y a jugar conmigo a las afueras se alzó.
Ahora en la quinta tan sólo de la mano me acompaña…
“Al centro de la ciudad te lleva.” - me dijeron en voz hostil,
“En perdidas calles, en barrios que al diablo pertenecen.”
“En la esquina sexta.” - me dijeron, donde al parecer nací,
en noche tardía y fría, de las que asustan,
a las que temen hasta los animales de lo más honestos.
“¡Ven niño, sigue…!” - repetía mi abuela.
“¡Ya poco queda, no te canses de andar!”
“¡Camina!” - insistía en pronunciación ya demasiado baja,
apenas al significado comprendí, tan sólo un azar.
E iba yo cogido de la mano, guiado por sus voces o su luz,
y acercó me a parque amplio, de árboles millón, muy altos,
en donde a las copas verdes yo adivinaba confundido,
gracias a sombras arrojadas por la hierba húmeda, rojizo parda.
- (La que Alicia en el país de sus maravillas mil atravesó…)

Me dijo - “Ve a aquel banco niño, siéntate, no abandones a su sobrio perfil.”
Me dijo - “¡Espera al atardecer y clava tu mirada en el cielo azulado,
que tras los troncos puedas intuir!”
Lo dijo, y era ésta vez la última,
en la que su rostro contemplé, sus ojos ya nublados, pero lúcidos los vi,
me recordaban que al banco valla a sentarme, y esperar,
mirar afuera del dominio diablo, fuera del hogar, el más allá de mi pesar.
Yo me senté contento, con la sonrisa juguetona,
la mirada a lo alto de los cielos la alcé,
esperaba que el sol se hunda en atardecer, penumbra,
era mi único deseo ver la noche, curiosear en sus entrañas, poderla conocer.
-
Y vi pasar delante mío manadas de ovejas,
que nunca imaginaba existir,
eran extrañas, de orejas largas, cuerpos flacos,
sin pelo ni color, sin ojos ni pestañas, no eran animal.
Y vi también a solitarios conejos,
que no saltaban sino caminaban en pata coja, triste fin,
arrastraban a espaldas suyas animales grandes
tampoco estos últimos logré reconocer.
Y vi volar a mariposas bellas,
pero de alas carecían, de manchas y voz,
lloraban mudas, arrastradas como los anteriores,
por vientos que las aplastaban, contra troncos de los árboles,
contra majestuosos guardianes por mí alrededor.
Y vi también que deslizaban se lombrices gordas,
piernas huesudas habían les crecido,
acababan caminando torpes e inútiles, a ratas recordé.
Caían en charco sucio y tibio,
que bajo mi banco recogía lágrimas de hadas sin ardor,
sin esperanzas de sobrevivir.
Tras larga temporada vi acercarse desde lo lejano,
a silenciosa criatura, misterio sin luz,
sombra tan negra que al azul aliento inspiraba,
soplaba y oscurecía poco a poco a las copas ya grisalla pálidas,
de árboles que durante tiempo infinito yo amé,
creí que eran estos mía cruz.
Su azul soplo padecía por confundirse,
con los cielos que tras los troncos ancestrales seguían intentando mis ojos recorrer,
y me dijeron - “Es el demonio, maldad, tu suerte has perdido.”
pero yo a mi abuela agradecí,
haberme dicho esperar, sentarme,
en parque quizá inhóspito, pero de lirios,
aunque la pérdida de suerte o destino fuera a sufrir.
-
Hallé a los paisajes más bellos, placenteros, hojas lúcidas,
que gracias a árboles en parque solitario yo descubrí,
tras conocer a animales raros, que semejaban ser del Lucifer,
a este último acabé yo por adorar y embellecer.

Habló la sombra, su voz yo recordaba,
bajo mirada suya el horizonte azulado se desvaneció,
me dijo - “¡Ven niño, verás lo que te voy a enseñar!”
y de la mano me cogió, llevó me en la nada…
Apenas una vez la vi, el atardecer su rostro despertó
y una vez ella me recordó, mi nombre pronunciaba…
“¡Ven niño, sigue!” - repetía con sus negros labios,
“¡Camina!” - insistía con sus ojos de ardor de lava,
escalofrío que a la esquina sexta no sé por qué me recordaba
y mi alma hasta allí retrocedió.






Infancia

Bon Voyage Simone,
el convoy al puerto lila abandona,
el grupo del cabaret al teatro no regresa,
el pony púrpura que adorabas se evapora,
tus juguetes son de otro…
Todo fue.
Bon Voyage, hasta siempre Simone,
los sueños con las flores desvanecen,
el barco carga cactus feo - gigante amarillo,
suenan voces de piano roto, ¡arruinado sea!
ríos infinitos, planta del desconocer…
Ya todo fue.
Los caballeros no respiran, son mentira, oh Simone,
galopan sobre palas oxidadas, retorcidas,
los caballitos de madera en contenedores vuelan,
los suelos hunden cal espesa,
los prados libres, invisibles duermen…
Mima risa.
Todo fue.
Bon Voyage Simone,
sé, no comprendes ni palabra,
sé, desconoces cuanto piense,
ignoras cuanto el mundo ve.
Olvídate,
no sueñes con lo que supones no alcanzas,
borra cuanto dije,
olvídame…
Ya todo fue.





Asesinato

Voz 1ª - Soy cómplice del crimen.
Voz 2ª - ¡Culpable!
Voz 1ª - Se prohibió ayer noche el pensamiento.
No tengo amigos con quienes opinar.
Olvido en qué pensaba. No, amigos no quiero.
Libros, sólo libros. Se nos obligó hablar con muertos.
¿Pero con quiénes?
Ya pierdo la memoria. Ya está. Delito.
Voz 2ª - A la horca. ¡Brujo!
Voz 1ª - Me convierto en asno.
Siento cómo se me alargan las orejas.
Aunque oiga mejor, cargo el carro de los gitanos.
Cada vez más pesa, más me pesa a mí.
Voz 2ª - ¡Nómada, vagabundo, a la horca!
Voz 1ª - Trato de ser mi amigo,
teniendo recuerdos valiosos,
de cosillas que tuve,
de cuanto dijeron en mi familia.
De cosillas que yo he visto.
Pero hoy todos quieren ser amigos de mí,
yo no.
Me hacen pensar,
no a lo mío.
No se pensar. Sé clasificar, solucionar tragedias y dilemas.
Voz 2ª - ¡Vago, eres culpable!
Voz 1ª - Mi odisea del olvido.
No recuerdo lo mío,
y lo confundo cuando aparece.
Cada vez más escombros remuevo.
Me grito antes de dormir - “¡Recuerda!”
Pero mis oídos de asno.
Pero no, ayer a aquello se lo prohibió.
Voz 2ª - ¡Sucio, necio, vergüenza de tu pueblo!
Voz 1ª - Al menos sé los asnos duermen de pié.
Voz 2ª - ¡Espía, orgulloso, vete, vete de aquí!
Voz 1ª - ¿De dónde, soy cómplice del crimen?







Ola

Está llegando, amenaza,
dientes de cristales rotos,
ola en desiertas calles
se acerca silenciosa.
Ya llega, salvaros, muerte huelen mis oídos,
el desecho, la ruina, quema todo, el ruido amanece entre gotas,
timbra desde sus entrañas, entrañas agua, entrañas en vacío.
Es la campana que de esperanza rojo grita
suena a chillos, voz de fiera olvidada, sobria, en cuevas.
Suena y destroza las paredes,
las de calles, casas, de los suelos, el suelo que corre, que llama.
Ya llega, se desliza asesina, muerte oyen ancianos,
muerte niños en sus carritos balancean,
muerte los tejados amenaza,
los ladrillos estremecen,
espuma de ruinas avecina.
Ya llega, encima nuestras carnes se derriba,
ya llega…
Tan sólo negros humos quedan por abrir la vista,
tan sólo grises ojos fijan, desconocidos, de desdicha.
El agua, ola, plata del destino, aterriza
el agua, ola, llanto del peligro, acaricia.




De un sueño

Con lo maravilloso que sería vivir en una playa, en casa de madera
y en perdido bosque de montañas, en una casa de madera
y escribir sobre las playas desde las casas de madera
y escribir sobre montañas abrigadas entre las casas de madera.

Con lo maravilloso que sería oler la playa desde terrazas de madera
y oler a las montañas desde tejados de madera
y pintar pensando en olores tan salados
y pintar pensando en olor de las auroras montañosas.

Con lo maravilloso que sería deletrear las olas de los mares
y deletrear las ramas desgarradas de árboles en moho ahogados
y dibujarlos recordando al derretir de las espumas
y dibujarlos recordando el crujir de pasos de ardilla por ramas mudas.

Con lo maravilloso que sería cuando volvemos por las ciudades
tan sólo estudiar en estas ciudades
oler orillas de playas blancas por las ciudades
saborear las flores montañosas por las ciudades.

Con lo maravilloso que sería en las ciudades solamente aprender
recuerdos nuevos en las escuelas viejas aprender
recuerdos de espumas en las clases aprender
recuerdos de las colas de ardillas en los libros aprender.

Con lo maravilloso que sería vivir bajo un puente, en ciudad de las ideas
y de entre callejones retirados en ciudad de las praderas
y componer canciones oyendo las salpicaduras por las playas
y componer las sinfonías de ardillas por ancianos árboles, maderas recordadas.





Enfermizas flores

Enfermizas flores de otoño encontré
en fiebre de goteo frío atragantan mi mirada
enfermizas flores desvanecen en los ojos de pequeño niño que hallé
un niño enfermizo que en otoño despertó de entre las hojas más lloradas.
Venenosas flores de otoño a las rosas más preciosas hacen despertar
venenosas flores beben en arroyos que en ojos diminutos parpadean recordando
en ojos diminutos que en otoño por las hierbas descubrí
en las pupilas de mirada que de entre hojas infantiles yo pisaba avanzando.
Enfermizas flores de otoño arranqué
a hojas florecidas acabé yo aplastando
enfermizas flores se apagan sin permitirme ya volver
un niño enfermizo que hallé había yo matado.




Tormenta

Cuando las golondrinas vuelan bajo,
y engañan con rozar la tierra negra,
el cielo oscurece - piedra hielo,
el suelo blanco es, más que la nieve.

Si golondrinas acarician los caminos,
en piruetas - diabólica belleza,
las vacas son de hierro - rojo frío,
los mares naranjada muerte.

Cuando las golondrinas danzan silenciosas,
en ojos transparentes nacen ríos,
las notas - golondrina la tormenta cantan,
los niños llueven lágrimas - rocío.


Vida

Camina por la playa en amaneceres
silbido de un caballito de arena, en amaneceres
el grito de un caballito de arena, en amaneceres
la voz de caballito de arena, en amaneceres.
Camina por la playa en atardeceres
crujir del parpadeo de un corcel estrella, en atardeceres
soplar de vientos de un corcel estrella, en atardeceres
canción euforia de un corcel estrella, en atardeceres.
Camina por la playa en anocheceres
recuerdo de un rocoso potro cojo, en anocheceres
mirada silenciosa de un rocoso potro cojo, en anocheceres
el despertar primero de un rocoso potro cojo, en anocheceres.
Por la orilla un caballito de arena todavía corre
espera el caballito de arena a un corcel estrella.
Por blanca franja oceánica el corcel estrella tibio galopa
olvida a un caballito de arena, ansía al rocoso potro.
Por playa de arena sin colores
recuerda un rocoso potro cojo a miles caballitos
euforia en la memoria, la faz sirena.
Rocoso caballito de arena, corcel estrella.
Rocosa playa de olvido, la más bella.


























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