Carta Abierta a Ciudadanos y Diputados

¿Qué Tanto Debes Saber de la Minería en Panamá?

A raíz de los debates de la reforma al código minero se han estado publicitando por medio de anuncios pagados a media página o página completa en los medios con números, cifras y gráficas de parte de los que impulsan la minería a toda costa con la intención de decirnos que la minería es una actividad responsable, que es más amigable al ambiente que la ampliación del Canal, en fin, que es la salvación del país, y obviamente de los megaproyectos del gobierno.  Si algo suena demasiado bueno que requiera desesperadamente tanto despliegue publicitario, es porque simplemente no lo es.

Lo que no advirtieron los promotores de esta verborrea publicitaria, hecha con la clara intención de manipular la conciencia de las personas, es que la mayoría de las veces estas campañas resultan disparar en el sentido contrario, sobre todo si el lector no se deja ni engañar ni manipular, como lo deben demostrar todos los ciudadanos concientes de este país.

No mencionaremos la propaganda publicitaria ni la mostraremos ni quien es la fuente, basta hojear los periódicos, oir la radio y ver la televisión.

De esta manera la publicidad lo que revela y demuestra al panameño verdaderamente responsable son los reales e innegables perjuicios a largo plazo que entraña la industria minera a gran escala en nuestro país: el secuestro de la economía, aparte de la destrucción de un recursos renovables que son millones de veces más valiosos y de mucha más larga duración que una mina metálica. 

Decir que el ingreso per cápita de las comunidades rurales en Colón y Coclé adyacentes a una mina  ha incrementado de un 120% hasta incluso un 250% , se deshace y cae de su propio peso por lo efímero que serán estos ingresos, pues una vez se acaba la explotación minera el ingreso per cápita bajará por debajo del 100% antes de la mina. La razón la revelan las propias cifras de doble filo sobre distribución de ingreso que publican: la gente de las áreas rurales en cuestión encuestan que la agricultura es solo un 20% de fuente de ingreso mientras que la minería dicen representa ahora 45% de la fuente de ingreso, y eso que hay una sola mina de tamaño pequeño operando.

De propiciar el gobierno una mina a gran escala en la misma área, la proporción será evidentemente aún mayor, probablemente a menos de 5% de ingreso por agricultura versus 90% de ingreso por minería.  Qué le queda entonces a estas comunidades: depender para su sustento de alimentos procesados y enlatados traídos de fuera, altamente costosos por la inflación asociada al aumento de ingreso debido a sus trabajo en las minas –que es lo ocurre en todos los lugares apartados de explotación minera-. En donde queda el producto alimenticio fruto del propio trabajo agrícola?

Se propicia y promueve así el abandono de la seguridad alimentaria y de casi toda actividad sustentable, limpia, segura, que pudiera ser altamente mejorada con el desuso de agroquímicos peligrosos utilizando en su lugar biopesticidas y biofertilizantes orgánicos preparados en el mismo lugar, producto de la sabiduría ancestral y la biotecnología moderna.

Lo peor ha sido comparar la actividad minera con la ampliación del Canal, que es una actividad puntual, centrada geográficamente y de corta duración con un plan de recuperación forestal de primer mundo, presentando la ampliación como una actividad más dañina y perjudicial que la minería. Querrán decir que como la mayoría de los panameños aprobó la ampliación, deberían aprobar de la actividad minera metálica masiva, en particular la que se realiza a cielo o tajo abierto y que corta topes de montaña.

Como diría Juan Pueblo, la marea de propagandas de los mineros, a los se han sumado los industriales, son y deben ser vista como lo que es: un tiro por la culata.  En otras palabras, vale más para el cultivo de la razón no hacerles caso, y en su lugar defender la soberanía territorial, la soberanía económica y la altísimo valor, casi incalculable aún por la Contraloría, de los servicios ambientales que proveen nuestros bosques tropicales y sus comunidades bien orientadas, y en especial aquellas en el Corredor Biológico Mesoamericano como las del distrito de Donoso.

La verdad prevalecerá sobre las falsedades. Siempre.

Un deber de todo ciudadano panameño es cumplir y hacer cumplir la Constitución. Y en ella se dice claramente:

"Artículo 115: El Estado y todos los habitantes del territorio nacional tienen el deber de propiciar un desarrollo social y económico que prevenga la contaminación del ambiente, mantenga el equilibrio ecológico y evite la destrucción de los ecosistemas."

Las comunidades apartadas, de campesinos e indígenas, todas son parte integral de los ecosistemas que las rodean, de los ecosistemas de la nación. Lo que debemos hacer es lo que el gobierno no hace con ellas:  ayudarlas a que se desarrollen de forma sostenible, aprovechando la riqueza local sin destruirla, y sacando partido de los beneficios que habrá de el medio ambiente sin convertirlo en minas a cielo abierto. El gobierno actual no tiene la menor idea de cómo hacerlo y por eso recurre a que todo se destruya para alimentar sus megaproyectos sin sentido.  Y esto se puede hacer sin hipotecar el futuro a las mineras transnacionales, y sobre todo menos aún a las inexpertas como la que ha exigido el cambio al Artículo 4 del código minero.

Evitemos la destrucción de Donoso, de Colón, de Panamá, del Corredor Biológico Mesoamericano y de las Américas. 

Todos, al unísono, debemos decir NO al Artículo 1 de la reforma que modifica el Artículo 4  del código minero y que permitirá a una empresa canadiense con participaciones de entidades estatales de Corea del Sur y de Singapur romper el equilibrio ecológico del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño destruir los ecosistemas del país y del continente, acabando con la estructura social y creando una economía secuestrada por la minería metálica a cielo abierto y corte de montaña.  

El pueblo panameño es el soberano de este país, el poder público emana de nosotros, no de un presidente, un ministro o un jefe ejecutivo de una empresa extranjera.


Azael Barrera

El autor es profesor universitario

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