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2007 - Dimanĉe en "Heraldo"

LA LENGUA ARTIFICIAL QUE
QUISO UNIR A LOS HUMANOS
Reportaje Esperanto


Heraldo-Domingo - 23 de septiembre de 2007 - página 4


Antonio Marco Botella, uno de los más destacados
esperantistas de España, en su casa de Zaragoza.
(Foto de María Torres Solano)


El esperanto nació hace ahora 120 años y pronto cumplirá un siglo de presencia en Aragón. El sueño de un idioma universal y fraternal pervive en unos pocos entusiastas.

Por  Sergio del Molino

¿Es posible que el esperanto fortalezca la salud y haga longevos a quienes lo usan? Viendo la vitalidad de algún hablante de esta lengua artificial (llamados esperantistas) podría especularse con esa posibilidad. Poe ejemplo: Antonio Marco Botella, hiperactivo e infatigable a sus 86 años, hasta el punto de que resulta casi imposible concertar una entrevista con él. "A ver cuándo podría ser, porque ahora estoy hasta arriba de trabajo y dentro de unos días me voy a Tossa de Mar a participar en una Semana Internacional de Esperantistas". Aunque se hace de rogar, este zaragozano de adopción y alicantino de nacimiento, al final encuentra un hueco para conversar un rato sobre la pasión de su vida: el esperanto. Él es una de las máximas autoridades en España sobre el idioma artificial, que ahora cumple 120 años.

En 2008 se celebrará el primer siglo de actividad de los grupos esperantistas en Aragón, en cuya capital, Zaragoza, se ha asentado una de las tradiciones esperantistas más respetables de la Península. "Hubo una época -recuerda Antonio, que no puede estarse quieto durante la entrevista y que se levanta continuamente para buscar citas en su biblioteca que sostengan sus afirmaciones-, en los años anteriores a la guerra, en la que quien no sabía esperanto era poco menos que idiota. En los círculos culturales, claro, pero en Zaragoza llegó a haber cinco o seis sociedades esperantistas y todos los partidos políticos tenían una sección en esperanto. Había un gran movimiento".

Nada que ver con lo que sucede ahora, noventa y nueve años después de la fundación de la Esperanta Societo Frateco y 120 años después de que el doctor polaco Lázaro Luis Zamenhof publicara la primera gramática (en ruso) de una lengua de su invención pensada para el entendimiento universal de los seres humanos. Hoy, en la capital aragonesa funcionan dos organizaciones: la ya mencionada Frateco y la Fundación Esperanto. Ambas comparten sede en el casco histórico, aglutinan a un puñado de socios y su actividad se reduce básicamente a conservar una valiosa biblioteca de más de 4.000 volúmenes escritos en esperanto (prácticamente todo lo que se ha publicado en esta peculiar lengua) y a impartir lecciones del idioma artificial los martes por la tarde.

"Antes -explica Marco que aprendió el esperanto en 1937, en plena Guerra Civil, y es uno de los pocos escritores en este idioma que hay en España-, nos hacíamos esperantistas porque entendíamos esta lengua como un ideal de paz y comprensión entre los pueblos, pero a los jóvenes eso ya no les interesa, por eso no pertenecen a nuestras sociedades. A lo sumo, se apuntan a uno de nuestros cursos, aprenden a utilizarlo y se marchan. Hace tiempo que el esperanto perdió la potencia que le daba ser la única lengua internacional. Ahora su lugar lo ocupa el inglés".

Sin embargo, Marco no se cansa de loar las virtudes del esperanto: "Al no ser una lengua natural, todos pueden aprenderla en profundidad sin mucho esfuerzo. Las lenguas naturales tienen dialectos, giros, expresiones propias de un país o región y otras peculiaridades que hacen que resulte casi imposible para un extranjero conocerla a fondo. Eso no pasa con el esperanto. En un par de meses, cualquier persona, independientemente de su grado de instrucción, puede hablar este idioma sin dedicarle mucho esfuerzo".


Un centenar

Ventajas indudables que cualquier esperantista avezado enumera de tirón, pero que no han debido sonar convincentes a los oídos del mundo, dado que, hoy por hoy, el esperanto está más lejos de implantarse como lengua universal que hace cien años. Los más optimistas dicen que este idioma tendrá aproximadamente un millón de hablantes en todo el planeta, mientras que la Unesco reduce la cifra a unos 200.000. En Aragón, puede que no lleguen al centenar las personas que hablan, leen y escriben el esperanto.

Como numantinos, resisten todavía: escribiendo y editando libros que mantengan viva la llama. La última obra de Antonio Marco, publicada por la Institución "Fernando el Católico", son sus memorias (en castellano), "La odisea del Stanbrook", donde narra su exilio tras la Guerra Civil en Argelia, país al que llegó tras pasar por el buque británico Stanbrook, que originariamente se dirigía a México, pero que, tras muchas penalidades, acabó en Senegal, con su pasaje custodiado por las autoridades coloniales francesas.

Marco presentó recientemente en París, ante los círculos esperantistas de la capital francesa, "Laboristaj kronikoj" (Crónicas laboralistas), "una historia de los grupos esperantistas más progresistas", según explica. Actualmente, está traduciendo esta obra al castellano. También es autor de varias historias del esperanto, incluyendo "Un siglo de esperanto en Aragón" y "Analoj de la esperanta movado en Hispanio" (Anales del movimiento esperantista en España, pero ¿logrará sobrevivir en el siglo XXI?


La vuelta al mundo sin saber idiomas

Sin dejar de ser un fenómeno minoritario y restringido a unos círculos muy concretos, el esperantismo tiene en Cataluña más fuerza y presencia que en el resto de España, con una tradición bien asentada. De hecho, el esperantismo, procedente del sur de Francia, se introdujo en la Península a través de los círculos filoanarquistas de Barcelona, y los primeros congresos celebrados en España en torno a la lengua universal tuvieron lugar en la capital catalana.

Por eso no es de extrañar que las iniciativas más destacadas de promoción del esperanto en el país provengan casi siempre de Cataluña. Así, en 2003, Manel Vinyals y Joaquim Marcoval, dos esperantistas de La Sènia (Tarragona) se propusieron demostrar que el idioma internacional puede ser algo más que una utopía bienintencionada y que podía tener su lado práctico e, incluso, económicamente rentable. Los dos amigos dieron la vuelta al mundo utilizando sólo el esperanto. Para ello, programaron su ruta desplazándose por ciudades con grupos de hablantes de esperanto con los que contactaban y que les hacían las veces de cicerones. "En China es casi imposible encontrar a alguien que hable inglés, y no te digo ya español -relata Vinyals-, por lo que comunicarte con la gente es muy difícil, pero nosotros recorrimos el país con chinos que hablaban esperanto, por lo que nuestra experiencia allí fue mucho más rica".

Lo contaron en el libro de viajes "Con el esperanto en la mochila. Vuelta al mundo en 79 días" (Editorial Milenio), con el que buscaron animar a sus lectores a aprender el idioma artificial y a sacarle partido.

Durante un periodo de tiempo, Vinyals también quiso sacar provecho pecuniario de sus conocimientos de esperanto y utilizó el idioma para expandir internacionalmente su empresa de embalaje. Trabajaba con grupos esperantistas ubicados en estos países que recibían la documentación en esperanto. Ellos la traducían al idioma local y así, sin gastos de traducción, la empresa podís estar presente en lugares como Irán o China sin trabas lingüísticas.

Claro que el ejemplo de Vinyals, aunque significativo, no deja de ser una simple gota de agua.



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