Line Bareiro: comentario al estudio Costa Rica: movimiento de mujeres y liderazgo

Line Bareiro, experta del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité CEDAW) envió sus comentarios a la investigación realizada por CEDE en el marco del proyecto Fortalecimiento del liderazgo de las organizaciones de mujeres nicaragüenses y de sus relaciones con las organizaciones de mujeres centroamericanas. Siguen sus palabras.
El estudio Costa Rica: movimiento de mujeres y liderazgo de Isabel Torres García, con la colaboración de Marisol Molestina y Lorena González, nos pone frente a un creativo movimiento feminista y amplio de mujeres, con formas singulares de liderazgo en uno de los contextos sociales más igualitarios de la región, en una de las democracias más afianzadas, si bien acerca de la cual todos los informes indican un paulatino pero constante deterioro y evidencian también la persistente ampliación de las brechas de desigualdad.

El trabajo muestra la relación que existe entre los logros legales del movimiento feminista y amplio de mujeres -como la penalización de la violencia hacia las mujeres- con una visibilidad de la dimensión y de la persistencia de las diversas formas de violencia de género, incluyendo el femicidio. No es pequeño el desafío del liderazgo de las mujeres en uno de los países en que ellas han dado un verdadero salto al poder político en los últimos quince años. La autora recuerda la relevancia del sistema de cuotas para acercarse al 40% de legisladoras nacionales y de representación en algunos puestos municipales. Me permito agregar que eso ha sido posible por la ciudadanía activa de las mujeres, pero también por ser uno de los países de más alta vigencia del Estado de Derecho en las Américas.

En todo caso, es el liderazgo de las mujeres ticas -como generalmente se autodenominan las costarricenses-, el que creció y ha facilitado tener hoy una Presidenta de la República y un 43% de mujeres en el gabinete ministerial. No puede decirse que las líderes políticas hayan asumido el conjunto de propuestas de la agenda feminista, pero tengo la impresión de que, de una forma u otra, por lo menos recogen partes de esa agenda con las cuales se identifican. Diría que los dos puntos con mayor incidencia han sido, por una parte, la presencia de mujeres en cargos de decisión y representación y, por otra, la disposición de que no haya impunidad y pueda enfrentarse seriamente a la violencia de género o al déficit en derechos humanos, parte de las banderas del movimiento amplio de mujeres.

No en balde, Costa Rica es uno de los primeros países que han adoptado la paridad entre mujeres y hombres en la representación. Sin lugar a dudas, la idea de que el poder político debe ser paritario introduce una dimensión de relevancia en el debate sobre democracia, porque la diferencia sexual ha pasado a ser una de las variables recogidas en el sistema electoral. Con alegría puedo decir que pude seguir la evolución de esas ideas en Costa Rica, vi el tejido y el trabajo de convencimiento que han tenido las líderes ticas. La paridad es una idea tan fuerte, que a saltos va implantándose en países tan diferentes como Francia, España, Bolivia, Senegal, Ecuador, Costa Rica y para una grata y admirable sorpresa, en su primera ley electoral democrática, Túnez ya ha incorporado la paridad entre mujeres y hombres mediante las listas cebra (como han renombrado a las listas “trenzadas” o de “cremallera”).

Con todo y los avances, la autora nos recuerda las discontinuidades de los organismos nacionales y de las políticas públicas de igualdad de género. Sin embargo, al revisar el conjunto del trabajo podemos ver que la gran continuidad es justamente la existencia de un movimiento de mujeres, independiente del Estado, que al mismo tiempo colabora con este cuando se abre una posibilidad y que es la gran garantía de permanencia de las políticas de igualdad de las mujeres. Es la investigadora feminista chilena, Teresa Valdés, la que me hizo ver al movimiento de mujeres como el verdadero articulador de las políticas de igualdad: por estar siempre despierto y dispuesto a identificar puertas y ventanas entreabiertas en el Estado, para incidir en la incorporación de la igualdad entre mujeres y hombres en las actuaciones institucionales; y también para criticar cuando es pertinente, sin dejar de seguir produciendo en la sociedad cuando el Estado se cierra, siempre vinculándose con otras mujeres de la región y del mundo.

En el caso costarricense también ha sido fundamental la presencia de mujeres feministas en puestos como el de la Defensoría de la Mujer en la Defensoría de los Habitantes. Esto me permite pensar en la alta productividad para la igualdad de las feministas ticas, desde el lugar en el que estén y aunque no siempre estén organizadas. Es por eso probablemente que la construcción de agendas se ha convertido en la manera de sentar plataforma y continuar en esa muy singular forma de organización/no-organización del propio movimiento, que también muestra el estudio.

No voy a relatar cada parte del estudio de Torres García, que por cierto es corto, se lee con facilidad y se aprende mucho. Pero la oportunidad es buena para expresar hoy mi gratitud a las feministas ticas por todo lo que he aprendido con ellas, de su creatividad y generosidad, pero también de sus conflictos, en todos esos años en los que tuve el privilegio de sentirme en el país como una más del movimiento.

Ya lo decía yo en 1995, si en Costa Rica no logramos la igualdad será imposible en otros países. Costa Rica ha ido avanzando –aún con todos los desafíos pendientes- hacia su pretendida igualdad real e igualdad social, con liderazgo feminista, con liderazgo de mujeres y de hombres democráticos. Hoy, desde mi lugar de experta del Comité CEDAW, pienso en esos pasos de igualdad que recoge la Recomendación General N° 25 (2004) y la N° 28 (2010) y que alumbran el debate contemporáneo: seguir luchando para que no haya discriminación directa o indirecta, teniendo en perspectiva la igualdad sustantiva, cuya culminación es la igualdad de resultados.

Mis felicitaciones a mis queridas compañeras de CEDE por este trabajo.

Asunción, Paraguay. 22 de mayo 2011
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