Casa Almirall

 
Joaquín Costa, 33 Barcelona.

El rótulo de Casa Almirall, de vidrio pintado, nos dice que fue fundada en el año 1860. Manel Almirall, miembro de la familia Almirall, conocida por sus negocios, fue el fundador de una taberna en la segunda mitad del siglo XIX. El local contaba con dos partes diferenciadas: una primera parte, que era la taberna propiamente dicha, y una segunda parte, que era utilizada como bodega. En el año 1976, el establecimiento pasó a manos de los actuales propietarios, Ramon Solé y Pere Pina. La inauguración se celebró el 1 de enero de 1977, y desde entonces se ha realizado una restauración en el año 2000 y una segunda obra para habilitar nuevos lavabos en el año 2001.

De la decoración original, se han mantenido intactos básicamente la puerta, el mostrador, el aparador y las lámparas, elementos, todos ellos, que sobresalen por la riqueza y calidad de sus materiales. La puerta del bar es bastante sencilla, ya que, durante gran parte del año, desaparecía para dar paso a una pequeña cortina que cubría la parte superior de la entrada y abría el local a la calle. Las formas de la puerta no muestran ninguna ornamentación destacada, salvo la sinuosidad de las líneas que marca la madera.

El mostrador, visualmente imponente, está realizado con mármol blanco catalán combinado con mármol italiano de varios colores en la parte inferior. En uno de los extremos de la barra destaca una escultura de gran calidad de una figura femenina, de hierro fundido, que es la imagen de la musa de la Exposición Universal de Barcelona celebrada en 1888. Posiblemente ésta fuera una pieza decorativa del arranque de la baranda de la casa que tenía la familia Almirall en la misma calle. Después del mostrador encontramos un mueble donde se cobraba —de formas similares a las del aparador—, que en la actualidad sigue teniendo la misma función de caja.

También hay que fijarse en el aparador que hay detrás del mostrador, porque confiere entidad al establecimiento y quizás sea el elemento que más se reconoce dentro de un lenguaje modernista. La decoración viene dada por la propia apariencia que va adquiriendo la madera, que se curva hacia los extremos laterales donde se cruza con otras líneas, y en este punto es donde encontramos mayor concentración de adornos, porque es el lugar en el que se entrelaza con una especie de rama con hojas y flores que nace del extremo del aparador.

Finalmente, hay que prestar atención a la parte superior de la pared, en la que se ha mantenido, después de varias restauraciones, una guirnalda pintada de colores vivos que debía pertenecer a la decoración original del edificio en el que se encuentra el bar, un inmueble decorado con esgrafiados en el exterior.
(Fuente: rutadelmodernisme.com)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
Comments