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POTENCIAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de plantearse metas personales y de todo lo relacionado con ello: organización y secuenciación de pasos para su consecución, mantener la fortaleza en el trascurso del tiempo, saber tolerar de un modo adecuado las frustraciones, etc.

Pautas y estrategias para el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños.

El cariño: dar muestras de ello de forma continua a los niños les beneficia enormemente. Jugar con ellos, ser cariñosos, hablarles y escucharles son las mejores muestras de cariño, por encima de los objetos materiales que no pueden reemplazar todo lo anterior.

La autoestima: para que la autoestima de nuestros hijos sea la adecuada, deben ser capaces de conocer y respetar sus puntos fuertes y débiles. Para contribuir de manera extra a su autoestima, debemos resaltar las cualidades del niño, valorar de forma adecuada sus logros y progresos, evitar etiquetarles con connotaciones negativas y proponerles siempre unas metas a alcanzar realistas y ajustadas a sus posibilidades. Todo esto no se contradice con la corrección, necesaria, por supuesto, para señalar lo que deben corregir.

Vocabulario emocional: los niños deben ir adquiriendo un vocabulario emocional adecuado a su edad que les sirva de herramienta para expresar sus sentimientos y emociones de una manera apropiada.

Potenciar su fortaleza: el niño debe ser capaz de superar las dificultades que se le vayan presentando. Para ello, debemos proporcionarles herramientas para afrontar por ellos mismos los retos del día a día: el aburrimiento, el desarrollo de su propia autonomía, tolerar la frustración, saber esperar, encajar las desilusiones, etc.

EDUCACIÓN EN EL OCIO

Aprendiendo a ver televisión desde pequeños

El tiempo que un niño pasa frente al televisor es tiempo que se le resta a otras actividades, tales como la lectura, el trabajo escolar, el juego, la interacción con la familia y el desarrollo social.

El ocio de los medios de comunicación tiene un carácter ambivalente. Su valor dependerá de la calidad del producto, del contexto en que es recibido, de cómo es y de cómo lo recibe el sujeto.

La televisión puede llegar a ser la actividad líder de los niños. Los padres debemos ser un ejemplo para ellos en todo, también a la hora de ver la televisión. Si en el ambiente del hogar los padres tienen la costumbre de ver la tele, seguramente los niños les seguirán. En muchos hogares, la televisión ejerce el papel de compañía, una especie de “niñera”.

Hemos de tener cuidado con lo que ven y conocerlo nosotros en profundidad para evitar que nuestros hijos adquieran conductas agresivas, erróneas, aprendidas por imitación. No podemos olvidar que están iniciando su formación y que son muy influenciables de todo lo que ven, escuchan y viven.

Los padres y la escuela hemos de crear ofertas realmente competitivas. A veces no se sabe si el hecho de que los niños vean tanto la televisión es debido al poder cautivador del medio o es que realmente no disfrutan de otras alternativas que les sean atractivas y estimulantes.

Hay que facilitar, a su nivel, la decodificación, el análisis y la crítica de los productos de los medios de comunicación. Se trata de formar personas más exigentes, más críticas y más selectivas. Es algo que no debemos dejar para cuando sean mayores.